Más que buenos y malos yo distingo
vencedores y vencidos. Me explico, en casi todos los conflictos acaba
imponiéndose el criterio del ganador, unos ganan y otros pierden.
Dicen que la historia la escriben los vencedores, y claro, intentan
dar la sensación de que ellos son los buenos.
Si revisamos
cualquier conflicto de la historia, moderna o antigua, suele ocurrir
esto, los ganadores imponen sus reglas a los demás.
Durante la segunda
mitad del Siglo XX el mundo se podía dividir entre los partidarios
del “sistema capitalista” y los partidarios del “sistema
socialista”.
En el “sistema
capitalista” el precio de las cosas las marca el mercado libre y de
competencia, es decir, los precios se equilibran por la oferta y la
demanda.
En el “sistema
socialista” los precios los regula el Gobierno del país, se
pretende que los bienes y el trabajo se distribuyan de forma
homogénea entre todos los ciudadanos.
Hoy en día, a nivel
mundial, el ganador es el “sistema capitalista”, es el que tiene
el poder y el que ha impuesto su criterio al mundo. El “sistema socialista” es el perdedor de este
conflicto.
EEUU es el máximo
exponente del “sistema capitalista” y es el país con más poder
para imponer este sistema en otros países.
Ahora pocos países
del mundo podrían mantenerse fuera del mercado capitalista mundial.
Es más, cuando el Gobierno de algún país pretende cambiar las
reglas del juego se convierte en enemigo de EEUU y de sus aliados.
Venezuela, un gran
productor de petróleo, ha sufrido enormes crisis políticas y
revoluciones, las cosas han ido de mal en peor y la situación actual
parece insoportable.
Me da la sensación
de que Maduro no acepta las reglas del juego capitalista, en cambio,
el Sr. Guaidó parece que si.
Por lo tanto, la
postura de Maduro de mantenerse en el poder es suicida, su enemigo es
mucho superior, su enemigo no es un país, es un sistema mundial, no
tiene ninguna posibilidad de derrotarlo.
Tras más o menos
daños Venezuela entrará en el sistema capitalista mundial.
Insisto, no hay
buenos y malos hay vencedores y vencidos. El vencido, por mucho que
crea que es el bueno, no tendrá más remedio que aceptar la derrota
y esperar otra oportunidad para poder ganar.